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29 de julio de 2011

Santander: ir, embotellarse y volver.

Artículo de la GUÍA GASTRONOMICA DEL EMBOTELLAO, capítulo 1(GGE1) compartido por¡Embotéllese, por favor!

En el primer capitulo de la Guía Gastronomica del Embotellao, hablamos de Santander, sus fiestas y el fenomeno del pincheo. Los pinchos, una manera muy social y habitual de pasarlo bien, conocer gente y, por supuesto, embotellarse.



El pincheo es un fenómeno de intensa moda últimamente. Esta tradición, casi forma de vida y tan acorde con nuestro espíritu, puede que naciera en San Sebastián pero es algo cada vez más habitual.
Casetas de la Feria
Por ejemplo, ésta es la Semana Grande de Santander, donde el pincheo es de obligado cumplimiento para cualquier amante de la gastronomía y embotellao vario. Una de las actividades más populares es la de las casetas de la Feria de día, que si disponen por todo el centro de la ciudad y llenan plazas y parques de música, comida y bebida. Pues en ellas con tu consumición te ponen un pincho, que puede ser elegido el mejor en un votación pública por internet.
Comentaremos dos: los de las casetas del Hotel Santemar y el Hotel Chiqui, ambos en la Plaza Alfonso XIII. La primera, ganadora los tres últimos años del Premio a la Mejor Caseta, proponía un tortellini relleno de una dulce masa de chocolate y lo que al gusto parecían petacetas. Unas bolitas de caramelo que estallaban en la boca.
El pincho del Hotel Chiqui era más clásico, una sabrosa tosta de champiñones en salsa con jamón, gratinada sobre hojaldre. Lo mejor, era el gratinado con pan rallado que llenaba de texturas el paladar.
Pero el tema tapeo en la capital cántabra no es único en fiestas. Cada uno tiene su ruta, desde ¡Embotéllese, por favor! te aconsejamos el siguiente.
Pinchos de Casa Lita
Después de un paseo por el paseo de Pereda, haciendo parada en Regma donde hacen helados como un embotellao se merece, llegamos a la zona de Puertochico . Allí en Casa Lita, empezamos nuestra ruta. Puedes elegir entre una variedad de pinchos. No se incluyen en la consumición pero son buenos, grandes y suelen estar hechos del momento.
Puedes seguir por el Pata Negra, donde, como su propio nombre indica, cobra protagonismo la tosta de jabugo. Particularmente, te recomendamos el de queso de cabra con cecina, tosata universal y mágica depende en que establecimientos.
Una visita interesante es La Cigala, también cocido por el museo del vino, donde no te embotellarás mucho pero su colección de botellas merece la pena. Para terminar y embotellarse del todo, la bodega El Zamorano. La asadurilla o la morcilla son muy recomendables. La asudirilla, para los legos, no es otra cosa que hígado de cerdo y otras vísceras.
Hablando de hígado, después de mucho probar y embotellar, la mejor menera de preparlo es, sin duda encebollado. Y si es con arroz, mucho mejor.
Hasta aquí la ruta gastronómica/embotellológica a Santander. Cantabria tiene mucho que dar en éste sentido. Sólo pensando que está entre Asturias y País Vasco…
Ahora en verano también, ¡Embotéllese, por favor!

26 de abril de 2011

ROMA (0) Il Professore

PRÓLOGO
Roma, que es capital de Italia, una de las más importantes ciudades de la Cristiandad y, en su día, capital del mundo conocido, es hoy uno de los destinos turísticos más elegidos por gente de todo el mundo. Aunque nosotros no éramos turistas propiamente, más bien peregrinos.
                Roma es infinita, tiene un mundo por enseñar. Y estando una semana no ves casi nada. Pero para aprovecharla al máximo es imprescindiblemente necesaria la persona idónea que te lo sepa enseñar. En nuestro grupo había varios historiadores, filósofos, profesores, incluso un historiador del arte y entre ellos un personaje que yo sólo conocía de una conferencia anterior. Él, lógicamente, ignoraba mi existencia. Este personaje, que acabó siendo el mejor de los guías, es conocido por muchos nombres. Yo me quedo con dos: el gran insultador e Il Professore. Por supuesto y cómo habréis leído en el título, me inclinaré por el segundo. No os diré su nombre, pero si alguno se lo encuentra por los pasillos de la Facultad ovetense de Derecho que le de recuerdos de mi parte.
                El gran insultador se lo puse por su pasión por el insulto mordaz y sutil, a la vez que cariñoso, que arroja sobre su interlocutor nada más que existe un mínimo de confianza. Pero el de Il Professore se lo debemos a Francesco. Así se llama un hombrecillo calvo con voz más bien aguda que alterna el coro del Vaticano con su labor de regentar  dos metros cuadrados de corbatería en la romana Via del Tritone. A mí me recibió jugando al póker por internet al mismo tiempo que veía en directo los oficios del Viernes Santo desde San Pietro.
                Dejamos a Francesco en Tritone, sin dejar de instaros a que paséis por la corbatería Barberini  siempre que estéis en la ciudad eterna. Por supuesto que  Il Professore no es un lego en el conocimiento del arte romano. Aunque bien, sí estoy seguro que mi profesor de Arte, que nos acompañaba, le puede superar en características técnicas y metódicas. Pero aunque sólo sea por el roce, veinticuatro años repitiendo, nadie enseña mejor la Roma en Semana Santa que Il Professore. O, al menos, su Roma con esa claridad, ironía y magnanimidad.
                Pues así, guiados por su voz grave, convergiendo paralelamente, oyendo las carcajadas de Valentín, los gritos de Pablo, Willy llamándole la atención, escuchando música facha con Xatín, Víctor o cualquiera de Burgos, despertandote con la imagen de Andrés con el collarín en la cabeza, discutiendo con Pablín el de Palencia, riendo las chorradas de Juanín, conspirando con Calilo, conducidos por Fernando, de birras en el Museo Napoleónico con Nacho, viendo embotellaos con Martich, Jotas o cualquiera, repasando historia con Paco y Antonio, sacando fotos con Toni, o jugando al Ye macho con Javi os invito a acompañarme por las estrechas calles de mis, todavía frescos, recuerdos de Roma para que podáis entender porqué volví así del mejor viaje de mi vida.